09/06/2009

NOS DIERON DE MÁS
“¿Me das lumbre, tío?”, se dirigió a mí Juan Pablo Ordúñez, más conocido como El Pirata en el mundillo de la radio y de la música. Le pregunté cuántas veces les había visto en directo y me dijo que “unas veinte”. Si alguien como este hombre, toda una autoridad en el periodismo rockero de nuestro país, ha acudido más de 20 veces, desplazándose a los más remotos puntos del mundo, a ver a un grupo, es que ahí hay algo muy-muy especial (además, por supuesto, de los requerimientos de su profesión).
Legiones de incondicionales poblaron los alrededores del Estadio Vicente Calderón desde horas antes del concierto. Nubes de humo con olor a hachís y marihuana se desplazaban deprisa por el aire (estaba desapacible la tarde en Madrid). Riadas de cerveza. Público mayoritariamente masculino. Camisetas negras, muchas, miles, de todos los tamaños, con todos los eslóganes, con todos los nombres de la historia del rock and roll. Nuevecitas algunas, ajadas ya otras, quizás sacadas del fondo del armario para la ocasión. Rostros barbilampiños junto a melenas con canas. Patillas imposibles, de todas las formas y longitudes imaginables. Y todo ello con un único punto de referencia en común: AC/DC.
La banda saltó al escenario cuando pasaban ocho minutos de las 22:00. El respetable, entregado ya de antemano, rugió saludando a sus dioses. Y ya no pudo parar de rugir hasta que aquéllos correspondieron al saludo, eso sí, a cañonazo limpio: For those about the rock (we salute you), cerró el concierto dos horas y pico más tarde.
Estos chicos acreditan que la profesionalidad no está reñida con la frescura. Mientras Angus Young y Brian Johnson se encargan de dar espectáculo, Malcolm Young (guitarra rítmica), Cliff Williams (bajo) y Phil Rudd (batería), hacen lo suyo para que los cimientos sean más que sólidos y resistan todo lo que se les eche encima. La base es realmente excepcional, y el resultado fabuloso. Ni una fisura en la construcción; ni un resquicio de imperfección; ni un solo acorde fuera de lugar. Calidad, sentimiento y diversión. PURO Y BÁSICO ROCK. ¿Quién da más?.
Como ya es habitual en esta gira, Rock and roll train fue la primera descarga. Le siguieron Hell ain’t a bad place to be y el mítico Back in Black. Los australianos fueron ofreciendo, andanada tras andanada, todos sus clásicos, y algún que otro tema de su último álbum (me llamó la atención que hayan incluido Anything goes, una de las pocas canciones de AC/DC que no suenan del todo a AC/DC). La fiesta seguía: Hell Bells, T.N.T., Sooth to thrill, Big Jack, Thunderstruck, You shook me all night long, Highway to hell (la penúltima de la velada).
Brian Johnson se columpiaba en la mismísima campana del infierno mientras millares de cuernecillos rojos se movían al compás de sus tañidos. Su voz aguardentosa anunciaba de cuando en cuando “All Right”; y tenía razón: todo estaba bien, más que bien. No había tregua. Angus Young corría desenfrenado, con el gesto al borde del colapso, por la infinita espina/pasillo del escenario, que se clavaba literalmente en la masa del público de pista, hasta ir a desembocar a un pequeño escenario central, con una plataforma que lo elevaba, aún más si cabe, hacia el nublado cielo de Madrid.
Rosie, la descomunal muñeca de plástico, se elevó también. Con ella llegó el delirio. Whole lotta Rosie dio paso, sin respiro, a una acelerada versión de Let there be rock, que Angus, en estado de gracia una vez más, alargó más allá del cuarto de hora, mientras bromeaba con el público entre riff y riff de su Gibson SG, simulando no oir bien las atronadoras voces cada vez que él lo pedía. Desde el striptease de The Jack, donde nos enseñó sus calzones con el anagrama del quinteto, ya no volvió a ponerse la ropa. Y así, a pecho descubierto, siguió devolviendo céntimo a céntimo lo que los más de 55.000 presentes (que se dice pronto….) habían desembolsado para verles. Ya en la salida, caras de incredulidad y sonrisas de oreja a oreja. Personalmente, creo que se equivocaron al devolver el cambio, y nos dieron de más.
Jerome Hurricane. Madrid, 5 de junio de 2009. Estadio Vicente Calderón.