05/12/2009

El trío inglés nacido en el club londinense donde pinchaba Liam Howlett “The Barn” allá por 1990 y declarado en el 2002 por la revista Q Magazine como una de las 50 bandas para ver en directo antes de morir “invadió” la mente y cuerpo de un palacio a rebosar, para presentar en Madrid su último álbum “Invaders Must Die” .
Los movimientos en masa de sus fans en la pista central eran como olas descontroladas que no dejaban de saltar y balancear, o los objetos que volaban por encima de sus cabezas dieron buena cuenta de dónde estaba la rave.
La actuación comenzó con “Words on fire” “Omen”, no faltaron sus éxitos de anteriores trabajos como “Voodoo” “Firestarter” “Smack my Bitch Up” (tan polémico por todos los problemas que le trajo la interpretación de su letra sobretodo en Estados Unidos), causó sensación su tema “Jaws” que no es nuevo, es la versión de “Poison” remezclada con la banda sonora de la película Tiburón. Salieron al bis con 4 temas con un contundente “Take me to Hospital” para pasar al “Out of Space” “No Good” para acabar con un apoteósico “Their Law”(2005).
La primera vez que tuve la ocasión verles en España fue en el malogrado Festimad en 1995, ocupaba las primeras filas y verdaderamente fue un impacto tremendo para casi todos, ¡no existía Internet! Les conocíamos de fotos y alguna emisora transgresora, ¡daban miedo en el escenario! pero sinceramente hoy creo que han perdido ese punto de incitación ya que con frases de Maxin como “¿estáis ya jodidamente borrachos? no transmiten la esencia inicial del grupo.
Algo que nos chocó bastante fue como una banda de casi 20 años de existencia en el panorama musical de un estilo tan particular como el rave-electrónico (prohibido en muchos lugares, incluso por gobiernos) podría congregar a seguidores de diferentes edades, y cómo no decir que los agolpados en las primeras filas contra la valla de protección probablemente nacieron muy poco después de la creación de Prodigy, por eso pensamos que aún tienen la fuerza de atracción de un imán gigante después de tanto años.
Sí que hay que recriminar la parca puesta en escena, por ejemplo, unas pantallas gigantes mostrando bits hipnóticos o planos cortos del baile singular de Keith Flint y escaramuzas de Maxin por el pasillo de seguridad. El palacio es muy grande y dudamos mucho que la gente que estaba por detrás pudiese sentir lo mismo de quién estaba más cerca. A pesar de todo, vimos un muy buen concierto con su último trabajo pero sin olvidarse de los hits que marcaron su carrera electrónica en un palacio a punto de explotar, con muy buen sonido y a unos seguidores contagiados de la Rave.
Lazy Devil